La paraguaya Nieves Carrillo de Masala, tras ser elegida por el papa Francisco, transportó la cruz en una de las 14 estaciones del Vía Crucis que se realizó en el Coliseo Romano este Viernes Santo, presidido por el Sumo Pontífice.

 

Por primera vez una mujer paraguaya llevó la cruz en una Estación del Vía Crucis del papa Francisco, desarrollado en el Coliseo Romano, ella es Nieves Carrillo de Masala que desde hace varios años es responsable de la Pastoral de Migrantes paraguayos, en Roma, Italia.

 

Nieves Carrillo participó de la actividad religiosa mediante gestiones realizadas por la Embajada de Paraguay ante la Sata Sede. El Viacrucis de este año abordó la reflexión sobre “Jesús vive su Pasión personalmente pero la revive en la humanidad”, elaborada por el Cardenal Gualtiero Bassetti, Arzobispo de Perugia-Pieve, a solicitud del Papa.

 

CONTRA CRÍMENES DE LA HUMANIDAD

 

Al final del rito fue que la cruz llegó desde el interior del Coliseo hasta el papa Francisco, instante en que el Sumo Pontífice pronunció una oración en la que incidió en los problemas en los problemas de la humanidad y en quienes las sufren o las provocan, tanto con sus actos como con su indiferencia, según la agencia EFE.

 

Recordó a los cristianos “asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame”, así como al “rostro de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras”.

 

También mencionó a “los ancianos abandonados por sus propios familiares, a los discapacitados, a los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita”.

 

Por otro lado, en el crucifico también situó al “emblema de la traición”, identificado a su parecer con “los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad”.

 

Criticó también a “los fundamentalismos y el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia”.

 

Clamó contra “los ladrones y corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad” y contra los “destructores de nuestra 'casa común', que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras”.

 

Asimismo arremetió contra quienes, en su opinión, quieren quitar el crucifijo de los lugares públicos y excluirle de la vida pública “en nombre de un cierto paganismo laicista”. Y criticó también a “los poderosos y los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos”.

 

 

El título de este Via Crucis fue “Dios es misericordia”, en alusión al Año Santo Extraordinario en curso, y como es tradición, tuvo como escenario de excepción el Coliseo romano, iluminado con velas y que envolvió a la ceremonia en una atmósfera solemne.