VI CONCIERTO DEL CICLO INTERNACIONAL 2016 DE LA OSIC

 

Con acceso GRATUITO, la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional del Paraguay, dirigida por Diego Sánchez Haase, presenta el Sexto Concierto de su Ciclo Oficial Internacional 2016. El mismo rendirá homenaje a Wolfgang Amadeus Mozart, en celebración de los 260 años del nacimiento del genio de la música.

 

Será el próximo jueves 15, a las 20:30 h, en el Teatro Municipal de Asunción, Presidente Franco y Chile. El Programa del Conierto incluye la Sinfonía 41, “Júpiter” de Mozart, y el Concierto en sol, para piano y orquesta de Ravel, que tendrá como solista a Valentina Díaz-Frénot.

 

La orquesta

 

Luego de la reciente presentación nacional e internacional del CD “Sonata paraguaya”, el primer material discográfico de la OSIC, la agrupación vive uno de sus mejores momentos. Al presentar dicho registro fonográfico, el connotado maestro Luís Szarán dijo: “(la OSIC) es una orquesta de generales, no de soldados”, comparando a la misma con la orquesta que dirigía el gran Joseph Haydn, integrada por los mejores músicos de la Europa de su tiempo.

 

Fundada en 2012, la línea artística de la orquesta contempla la interpretación histórica de las obras clásicas, y el rescate y arreglo innovador de las interpretaciones de las composiciones musicales paraguayas.

 

Además de su ciclo Oficial, la OSIC bien ofreciendo programas como los siguientes: “Música en los palacios de Asunción”, “Tradición y vanguardia musical latinoamericana”, “Ciclo de extensión cultural”, “La orquesta viene a mi escuela”, “Mi nombre es Ludwig”.

 

La solista

 

Valentina Díaz-Frénot nació en Córdoba, Argentina. También cuenta con la nacionalidad de su esposo francés, y reside desde hace más de veinte años en Paraguay. Empezó a interesarse por el piano, a los cinco años de edad, viendo ejecutar el instrumento a integrantes de su familia.

Tras diez años de formación académica en Buenos Aires, a los diez y siete tocó por primera vez con una orquesta. Hoy, con una vasta carrera colmada de éxitos, cuenta en su haber con innumerables y frecuentes giras que realiza todos los años por Europa y América. Muchos críticos coinciden en considerarla la concertista de piano más cualificada del Paraguay contemporáneo.

 

El programa

 

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791): Sinfonía n. 41, en do mayor, KV 551 “Júpiter”.

- Allegro vivace.

- Andante cantábile.

- Menuetto (Allegretto).

- Molto Allegro.

 

En el plano de las cuestiones personales, 1788 no fue un año generoso con Mozart. En el mes de junio, a la edad de seis meses, murió su hija Teresa, apenas dos años después de la muerte de otro de sus hijos, Johann Thomas Leopold. Al mismo tiempo, los problemas económicos de la familia Mozart se agravaban. Un año antes había muerto Leopold Mozart, y con él, la única mano más o menos firme que pudo haber guiado al joven Mozart en la temperancia y la buena administración.

 

Así que, hacia el mes de junio de ese 1788, una fuerte desavenencia con el casero que insistía groseramente en cobrarle a Mozart la renta de su departamento, obligó a la familia a una más de sus muchas mudanzas. En esta ocasión se cambiaron a otra sección de Viena, a un pequeño y no muy cómodo departamento en la Währingerstrasse. A pesar del optimismo no totalmente convincente de Mozart, la situación monetaria era verdaderamente grave y a partir de ese año de 1788 se vio obligado a pedir dinero para sobrevivir.

 

Mozart se dio a la tarea de componer tres obras que están entre sus creaciones más notables: sus tres últimas sinfonías. Estas sinfonías, las números 39, 40 y 41, fueron concebidas por Mozart como un ciclo unitario, y no deja de ser extraño que haya decidido componer sinfonías para sus conciertos por suscripción, dada su costumbre de producir conciertos para piano en tales ocasiones.

 

El caso es que en el breve lapso de seis semanas Mozart terminó las tres sinfonías, fechando la partitura de la última, la número 41, el 10 de agosto de 1788. Resulta significativo el hecho de que, dada la continuidad sinfónica de Mozart a partir de 1764, año en que compuso la primera de sus sinfonías, cerrara su catálogo con la número 41 y dejara pasar los tres últimos años de su vida sin volver a abordar esta forma musical.

 

Como en el caso de numerosas otras obras, el nombre de “Júpiter” con el que hoy se conoce a la última sinfonía mozartiana no le fue dado a la obra por el compositor, sino por otra persona. En este caso, la historia registra que el nombre se debe al empresario Johann Peter Salomon, el mismo que promovió las exitosas visitas de Franz Joseph Haydn (1732-1809) a Londres. Hasta nuestros días, la sinfonía “Júpiter” es considerada como una de las obras maestras indiscutibles del repertorio sinfónico, y con justificada razón. La amplitud de su diseño y la riqueza de su invención marcaron de hecho un punto culminante en el tratamiento clásico de la forma.

 

MAURICE RAVEL (1875-1937): Concierto en sol, para piano y orquesta.

-          Allegramente.

 

-          Adagio assai.

 

-          Presto.

 

Maurice Ravel fue el músico francés más influyente tras la muerte de Debussy. El catálogo de Ravel es de enorme variedad: escribió para piano, cámara, ópera y, sobre todo, ballet; éste forma el grueso de su obra sinfónica. Solo los dos conciertos para piano (el Concierto en sol y el Concierto para la mano izquierda) son obras orquestales que no tienen referencias extra musicales. La originalidad de su lenguaje reside, entre otras cuestiones, en su fascinación por las formas antiguas y por lo exótico, entendido en su concepto más amplio, y que incluye también el jazz.

 

El Concierto en sol fue estrenado en 1932 en París. Con él, Ravel se sitúa en la corriente neoclásica, un estilo surgido tras la Primera Guerra Mundial en que se pugna por el retorno a la simplicidad y a los modelos clásicos del siglo XVIII: esto queda evidenciado en el uso del género del concierto, estructurado a la manera clásica en tres movimientos; además, en el último usa libremente la forma sonata. A tal punto llega su identificación con la música antigua que en su segundo movimiento, Adagio assai, Ravel afirma tomar como modelo el movimiento lento del Quinteto para clarinete de Mozart.

 

 

La simplicidad y claridad que son constantes en sus obras se encuentran aquí. Ravel utiliza una orquesta pequeña, pero de gran diversidad tímbrica (arpa, corno inglés, fusta…) y logra hacer sobresalir la individualidad de cada instrumento. En el primer movimiento presenta un primer tema rápido en el piccolo, mientras la orquesta lo “sostiene” con breves acordes y el piano despliega figuraciones arpegiadas usando la bitonalidad.